El ego y la rendición

Cuando la lucha se cansa

La tensión del ego herido que se defiende.
La pulsión de la vida que no distingue.

Bajo el agua,
todos sin distinción luchan.

La pulsión por respirar aparece sin cesar.

Dudas.
Miedos.
Preguntas.
Justificaciones.
Recuerdos.
Mentiras.

¿Qué tan fuerte eres, querido ego?
¿Hasta cuándo dejarás de luchar
y rendirte en las aguas del Yo?

La voz que responde

Soy yo.
Tú.

No me crees, pregúntame
y te responderé con la verdad.

No eres nada sin mí.
Yo soy.
Te hice.
Eres gracias a mí.

Y ahora me quieres ahogar.

Desagradecido.

Inténtalo
y te darás cuenta de la verdad.

Algo más hondo

Sí, me daré cuenta.
O tal vez no.

Lo que sé
es que esa presencia que va más allá de ti
llena mi corazón
de esperanza,
paz,
armonía
y amor.

Tú eres mi memoria.
Mi herida.
Mi tristeza.
Mi defensa.

Pero no eres Yo.

La rendición justa

Estás ahí
para desaparecer en el momento preciso.

Y así, sin cuerpo,
estarás para servirme
como un amigo incondicional.

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